
La voracidad de FIFA y el entreguismo empresarial y gubernamental escribe historias de horror que superan las de mundiales pasados.
Los dueños de palcos, compraron los espacios hace décadas en títulos a 99 años y algunos hasta a perpetuidad. El contrato les da acceso total a sus estacionamientos y palco con el máximo de personas pactado en el contrato. Lo común es 12 a 16 personas.
Llevan sus chelas, cocas, tortas, pato al orange, caviar o flautas doradas. Lo que ellos quieran. Incluso pueden rentar el palco o vender entradas individuales al palco sin rebasar cupo máximo.
Eso ha pasado desde la fundación del Azteca. Finales de mundiales, de LigaMX, partidos amistosos o conciertos.
Pero…TODO CAMBIÓ: Para éste mundial no los iban a dejar entrar, pelearon, consiguieron respeto a su derecho de entrar pero les restringieron vender entradas, usar estacionamientos de su palco, siguieron peleando y ganaron, pero ahora les impiden surtir su cocineta y frigobares.
Agua, cerveza, comida y hasta cachuates, deben comprarlo al operador de alimentos para los juegos del mundial, lógico es FIFA. Paquetes a razón de mínimo 100 mil pesos por combo de torta del chavo y coca, una gelatina y un duvalín por persona. (Para palcos).
Obtuvieron una medida cautelar de un juez, pero la FIFA ya controla accesos y no permiten abastecer. Las leyes mexicanas y contratos que dan derechos a particulares, no les importa.
En México FIFA no pagará 1 peso de impuestos y tienen derecho a entregar una “lista VIP” para que empresas o individuos que FIFA anote, será exentado de impuestos.
A México le cuesta 61 mil millones de pesos estar listo con todos los requisitos de FIFA. Pero a cambio ni aceotaron el ajolote morado que mandó poner CDMX como decoración “folclórica”.
Incluso, se desataron decomisos de mercancía en las “Clean Zones” que marcó FIFA. Todo artículo pirata u original sobre el mundial en las “Clean Zones” es decomisado o inmovilizado. Tanto en el estadio, la explanada exterior hasta avenidas y parques públicos clave, fuera del estadio. Todo lo que se venda, debe ser del operador “FIFA”, agua, comida, llaveros, ropa, todo. Y si son comestibles fuera del estadio, exigen que órdenes para llevar se envuelvan en bolsas y platos blancos.
Apenas empieza el ambiente mundialista y ya hay detalles que rayan en la voracidad, abuso y humillación hacia participantes directos o indirectos, incluso hasta contra los torteros y paleteros, restaurantes y bares que están fuera del estadio pero dentro de la mandíbula insaciable del organismo rector del futbol.
